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Ernestina Pais: "Pensé que me había vuelto loca"

 
 
 
«Estoy cada día mejor, segura de la decisión tomada», expresó Ernestina Pais a Personajes.tv.  Foto: Nicolás Amendola

Es sábado a la noche y estamos en la casa de Ernestina Pais, en La Lucila. Su hijo Benicio acaba de irse con su papá, ella ofrece mate, busca sus cigarrillos y se maquilla mientras charla. Es la primera vez que se sienta frente a un periodista para contarle cómo fueron estos dos meses en los que se dedicó a recuperarse de un cuadro de ataque de pánico, que la obligó a alejarse del programa Desayuno americano.

-¿Cómo estás?

-Estoy cada día mejor y segura de la decisión tomada. Muy tranquila con lo que sentí que tenía que hacer. Lo ví muy claro. Me asusté mucho. Después leí y entendí lo que me había pasado. Pero en un primer momento, pensé que me había vuelto loca. El ataque de pánico es una descarga enorme de adrenalina que genera el cuerpo. En general, viene después de un estrés prolongado. En definitiva, es un trastorno de ansiedad de estos tiempos.

-¿Y a vos por qué te pasó exactamente?

-Cuando vos tenés un parámetro de exigencia muy alto y funcionás en ese alto nivel de exigencia, subís mucho la ansiedad. Esto es: lo que querés conseguir, cuán rápido, cuánto mejor, en fin. Cuando vivís en ese estado mucho tiempo, como en mi caso, tu cuerpo empieza a estresarse y ese estrés lo que te está diciendo es "pará, pará". Yo en el último tramo del primer año de Caiga quien caiga tuve un pico de 18 de presión al aire. Nadie lo supo, nunca. Pero hice un programa en vivo en ese estado, con una sublingual y un médico atrás del decorado. Yo mandaba una nota, él me tomaba la presión y me decía: "Si baja, todo bien. Si sigue subiendo, nos vamos al hospital." Ese es el nivel de exigencia de mi trabajo. Show must go on. Siempre. Ese fue un aviso, otro fue la depresión que tuve el año que paré. Porque fue un error parar de esa manera. Si vos venís con un tren a doscientos, no lo podés frenar de golpe. Tenés que prepararte para el ocio. Pues bien, el estrés te va dando avisos. Si vos no le das bola, entonces el cuerpo te dice: "ah, ¿no parás? Te saco del sistema". Es así, con un ataque de pánico no se negocia. El cuerpo queda devastado. Cuando me fui a hacer el examen físico, el médico me dijo: "Es como si te hubieras caído de un segundo piso. Estás viva, todo bien, pero tenés un omóplato corrido, una cervical pinzada, los dos trapecios totalmente acortados..." Tenía que rehabilitarme porque no resistía más ese ritmo.

 "El estrés te va dando avisos. Si vos no le das bola, entonces el cuerpo te dice: ´ah, ¿no parás? Te saco del sistema´." COMPARTILO

-¿Qué pasó ese día que explotaste?

-La noche anterior había ido a ver un show con mi novio, en Niceto. Yo voy mucho ahí porque él es el dueño. A lo mejor están todos de la cabeza, pero Nicolás está trabajando y yo estoy acompañándolo. Muchas veces pasamos un minuto y seguimos. Por eso me ven seguido. La cuestión es que fuimos y volvimos a casa. A la una ya estábamos durmiendo. Me despierto a las siete de la mañana y cuando voy al baño, me largo a llorar. Lloraba, lloraba, lloraba. No paraba. Cada vez era más grande el llanto. Lloraba como un niño, con la angustia más extrema. Iba creciendo tanto que en un momento le digo a mi novio: "Llamala a Roxy" (la productora de Desayuno americano), porque ya eran las ocho menos cuarto y yo todavía no había salido de casa. "Decile que yo me calmo y voy". No sabía lo que estaba viviendo y cuando me dí cuenta de que no lo estaba manejando, le dije a Nicolás que llamara a Juan Cruz Avila, que además de ser el productor general del programa, es psicólogo.

-¿Tu novio no se asustó?

-El lloraba al lado mío y no sabía qué hacer. Cuando habla con Juan Cruz, le explica el cuadro. Y Juan Cruz le dice: "Es un cuadro de ataque de pánico, ¿tiene psiquiatra Ernestina?" "Sí." "Bueno, llamen al psiquiatra y que les diga qué hacer." Nico lo llama y la decisión del psiquiatra fue triplicar una medicación que yo ya estaba tomando, un antiangustiante que me habían dado por el tema de la depresión. Yo sé que muchos hablaron de drogas con respecto a mí. Sucede que la adrenalina es lo que se despide cuando consumís o hacés cualquier tipo de actividad que genere adicción. Y en un ataque de pánico, pasa lo mismo. Sentís que se te va a salir el corazón por la boca. Hay mucha gente a la que le pasa esto, pero por un misterioso motivo no lo cuenta. El treinta por ciento de mis amigos de Facebook, me escribió en ese momento para contarme que había pasado por lo mismo.

 
«En un ataque de pánico sentís que se te va a salir el corazón por la boca,» asegura Ernestina. 

-¿Por qué no lo cuentan?

-Porque nadie te entiende. Lo primero que piensan es "se pasó de rosca". O "quiere llamar la atención". Y no. Es una cuestión física concreta: tenés en tu cuerpo una descarga de adrenalina que te saca del sistema. Cuando Nicolás me dijo "bueno, me voy a buscar la receta a lo del psiquiatra", le respondí "no te vayas, porque me voy a matar". Bueno "me quedo, ¿por qué llorás?". "Porque me voy a morir." Me tenía miedo a mí misma porque no me podía controlar.

-No podías parar de llorar.

-Me dolían los ojos. Lloré durante 18 horas. Y cuando terminé de llorar, cuando la medicación había hecho su efecto, no me podía dormir. Estaba despersonalizada. Estuve así desde las siete de la mañana de un día, hasta la una de la madrugada del día siguiente.

-Y en el medio tenías que resolver qué ibas a hacer con la tele...

-Sí, cuando me calmé hablé con Daniel Grinbank, que es mi representante. El me conoce mucho y me aconsejó pedir una licencia porque, entre otras cosas, yo no podía salir a la calle. Pero en el canal me dijeron que no me podían esperar. Y yo dije: "Bueno, no me esperen".

-¿Cómo siguió tu vida?

-Me prohibieron ver tele o escuchar radio, sólo me dejaban usar Facebook. En casa se instalaron mi novio, cuatro amigos, mi mamá... Nunca me dejaban sola. Empecé con clases de piano y canto, comenzó a venir una profesora de yoga ashtanga a darme clases todos los días. Y por dos semanas no salí de mi casa. Después, cuando tuve necesidad de salir a caminar, no podía porque tenía fotógrafos en la puerta. Me causaba gracia porque las revistas publicaban: "No sale de su casa". Y no, si estás vos en la puerta, ¡boludo!

-También dijeron que no veías a tu hijo.

-La explicación de por qué Benicio dormía con su padre tiene que ver con que no estaba la niñera y como yo no podía salir de mi casa, no lo podía llevar a la escuela. Nada más. No es que yo estaba loca y me habían sacado la tenencia.

 
La actividad física y las clases de canto y piano ayudaron a Ernestina a seguir adelante.  Foto: Nicolás Amendola

-¿Cuál fue la clave para volver a estar mejor?

-Algo que me dí cuenta junto al psicólogo, al psiquiatra y a la gente que me estaba ayudando: hacer actividad física. Me fui sola a la Posada del Qenti donde ví a un fisioterapeuta que se educó en Cuba. Me hizo una rutina de rehabilitación. Yo estaba tremendamente contracturada. Fue muy fuerte.

-¿Pero qué pasaba con el programa, no estabas contenta?

-¡Sí! Nos estaba yendo genial. Por eso mi ego estaba absolutamente satisfecho. El programa creció, mejoró su pauta y la calidad de audiencia. Habían hecho un estudio sobre eso y estaban súper felices porque la gente se había fidelizado. O sea, prendía el programa y no se iba en los cortes. Juan Cruz se quería matar, pero me habló como psicólogo y me dijo que esto no se iba de un día para otro, que si volvía a trabajar, a la semana me podía volver a pasar. Fue muy amoroso, pero no pudo hacer nada porque el canal pensó como canal. Yo no me enojé ni nada, porque en ese momento no les podía dar respuestas.

-¿Influyó esto que te pasó con el hecho de que fuiste atacada por varios frentes?

-Y sí, porque yo salí a responder y yo no soy así. A mí no me interesa esa parte del trabajo. Y hoy la tele es básicamente eso. Cuando yo estaba en medio de un montón de peleas, un amigo me dijo: "Paradójicamente, en nuestro trabajo esto se llama éxito". Porque te pegan y rinde que vos contestes. Seguro que influyó eso, pero más que nada yo venía pidiendo un cambio. Cuando tuve el ataque repetía dos cosas: "quiero irme con mi papá" y "quiero que me devuelvan mi vida". La angustia me decía por un lado lo de mi papá, que está muerto, y por el otro "hay una salida".

-¿Cuál sería "tu vida", esa que pedías que te devuelvan?

-Yo arranqué yendo en bicicleta con mi cámara de fotos a la redacción de Los Inrockuptibles, la revista que fundé a los 23 años. Hice un montón de cosas: tengo quince años de radio, diecisiete de televisión, tengo mis premios... Es una barbaridad y recién tengo 41 años. Mi ego estaba satisfecho. ¿Por qué yo seguía en esa carrera? Yo quería volver a esa simpleza del comienzo. La lógica mediática de ahora me genera rechazo. Hay conductores que vuelven a su casa y les chupa todo un huevo. Yo me pongo mal. A mí me duele el mundo. Me lastima que mi hijo me pregunte cosas que escucha... En todos los laburos que hice estuve totalmente convencida y acá sentía que todo el tiempo había una cosa que me molestaba. Entonces exploté.

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-¿No te había pasado antes?

-Esto es un largo proceso. El cuerpo me venía avisando. Y no le dí bola. Pero era una pulsión entre lo que yo quería y el deber ser. Lo que me pasó no es culpa de nadie. Yo tengo una formación que arranca en la redacción de una revista, que tiene que ver con el cine… De golpe, por un gran malentendido, devine en estrella de tele.

 
Ahora Ernestina quiere volver a disfrutar, a ser feliz y dejar las exigencias de lado por un buen rato.  Foto: Nicolás Amendola

-Pero se supone que es lindo ser una estrella de la tele.

-Mirá, durante diez años, mi vida fue tres horas de Mañanas informales, tres horas de radio a la tarde, tres horas de radio los sábados. Más los eventos, las campañas, las notas, las fotos. Además, a mí me encanta salir, juntarme con amigos, vamos acá, vamos allá… Y para llevar ese ritmo de laburo tenés que tener una vida recontra ordenada. Yo había perdido el orden de mi vida. Puse demasiado el cuerpo. Durante un tiempo, pude responder. Pero después ya no.

-¿Volverías a la tele?

-Ahora ni loca. Tengo propuestas. Pero en este momento no quiero saber nada. Yo hago yoga todos los días, canto todos los días y escribo todos los días. Esa es mi rutina. Soy feliz. ¿Sabés qué siento? Que puedo contar conmigo..

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